PENSAR DUELE. Entrevista a TOMÁS ABRAHAM

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Fragmento de la  entrevista al filósofo Tomás Abraham tras la presentación de su nuevo ensayo “Aburrimiento y entusiasmo (y otras cuestiones filosóficas)” Pensar duele.

El ensayo es una gran defensa del ejercicio del pensamiento, de la libertad y el entusiasmo que provoca. Pero no es una invitación a pensar. 

No se invita a pensar-dice Tomás Abraham, en diálogo con Infobae– sino que se provoca el pensamiento con la contradicción y la dificultad.

Si contradigo a alguien se molesta porque algo o alguien lo despoja de un poder. Debe buscar palabras, elementos para recuperarse. Un asunto de dignidad…

Pensar duele. 

-¿Por qué?

-Porque da trabajo, no respeta nuestras creencias, porque demuele prejuicios, porque nos pierde. Pero también es lo que nos permite abrir nuevos espacios, romper candados, y viajar con la mente. Implica esfuerzo, estudio, investigación.

Nadie puede meternos sus pensamientos en la cabeza, porque dejan de estar vivos: nos mete consignas, lugares comunes, palabras aduladoras aún con mímica rebelde; son leche muerta, cortada.

Quienes se sientan para que les cuenten libros, les den miniaturas teóricas, les regalen palabras grandotas se pierden el encanto de la filosofía.

Estudiar, emprender el camino con una o un guía y experimentar, de eso se trata.

Pensar nada tiene que ver con la conciencia porque nos saca de la rutina, de la repetición. Pensamos cuando algo interfiere  en nuestra cotidianeidad, por un sobresalto. Es el inicio, la inquietud fundante, luego hay que darle forma, lo que lleva tiempo.

Pensar es partir de una inquietud, y trabajar una forma.

 -¿Qué es para usted escribir: pensar, investigar, comunicar?

-Escribo para pensar, no pienso si no escribo. La escritura no es posterior al pensamiento. Las ideas nacen mientras leo pensamientos de otros y cuando escribo. No se piensa con los ojos cerrados y la mano en el mentón. Es una actividad  dinámica compartida. No escribo para mí aunque no haya nadie.

Nunca hay nadie pero no es para  mí, me aburre hacerlo.

Escribo para un lector desconocido y virtual. No tiene rostro.

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