NO TODO ES VIGILIA LA DE LOS OJOS ABIERTOS

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Todas las tradiciones sapienciales nos hablan de un ser humano que vive alienado, descentrado, fragmentado, que está dormido y tiene que despertar. No todo es vigilia la de los ojos abiertos.

No todo es vigilia la de los ojos abiertos.

Las tradiciones y la filosofía antigua son un intento de despertar la conciencia para recuperar la integridad perdida, interior y exterior a la vez.

La idea que está presente en toda la antigüedad griega como en todas las tradiciones sapienciales es que existe una posible transformación del ser humano, una potencialidad que se tiene que desarrollar.

En la filosofía antigua había un deseo y búsqueda de sabiduría, y la filosofía no era solo un discurso teórico, sino también una elección de vida, una opción existencial y un ejercicio vivido.

El filósofo no es un sophos (un sabio), busca la sabiduría porque no la tiene.

El sabio, en cambio es el que ha llegado a la realización plena de todas sus potencialidades a partir de una larga práctica sobre sí para transformarse.

Esa práctica sobre sí era un camino de estudio, de práctica guiada, de transformación paulatina, que no se podía hacer solo porque se trata de una lucha espiritual contra los aspectos más bajos y negativos que hay que purificar, y uno tiene que salir de su propio engaño, entonces lo habitual es la demencia.

Además de una guía, esta formación tenía un aspecto teórico, en el sentido concreto de la palabra théoria, que es contemplación y un aspecto práctico en el sentido de la palabra áskesis.

La áskesis:

Son ejercicios integrales en los que participan el pensamiento, la imaginación, la sensibilidad, por lo cual no son solo intelectuales, colaboran en la terapéutica de las pasiones, en la preparación y fortalecimiento del cuerpo.

Se trata de ejercicios que llevan a una verdadera transformación del ser más profundo del hombre por lo cual se les da el apelativo de espirituales.

La verdadera filosofía empieza por la observación de sí mismo, esto es tener conciencia de nuestras sensaciones, de nuestras posturas corporales, la percepción de nuestro cuerpo, del estado de nuestras emociones, la vigilancia constante de nuestros pensamientos.

Esta atención se relaciona con el concepto de epiméleia que en griego significa “cuidado de sí mismo” y es inseparable del “conócete a ti mismo”.

Observar no es juzgar, ni criticar, ni analizar lo que observamos en nosotros mismos, solo observar, ser conscientes, percibir nuestros estados interiores, nuestras contradicciones, nuestros sueños, nuestros pensamientos ¿a dónde nos conducen?

Llevar una cosa a la conciencia es empezar a cambiarla.

Existe toda una vida psicológica en la oscuridad, que permanece en sombras y desconocemos; no solo aspectos negativos sino también aspectos luminosos, orientadores, talentos que nunca descubrimos.

Por eso Sócrates iba al ágora, paraba a la gente y les decía: -Ustedes en este momento ¿no se acuerdan de sí mismos, de sus sentimientos, de sus pensamientos?  ¿De que se van a morir?

-Ustedes atenienses, que son miembros de la ciudad más poderosa ¿por qué se ocupan de sus negocios, de sus ropas, y  no se ocupan de sí mismos?

Sócrates no les dice que no hay que ocuparse de lo exterior, sino que su pensamiento tiene que ver con una integridad, con un centro más significativo.

Por Lic. Susana Stacco

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