LA SOLEDAD DEL EXISTIR

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Pocas veces ha estado el discurso filosófico tan cerca del hombre de carne y hueso, que goza de los alimentos terrestres, trabaja, (desgasta y se desgasta) y se enfrenta a la muerte, allí donde el vigor se trueca en sollozo.

En una de las conferencias dictadas por Levinas en 1.947, tras la catástrofe de la guerra y dentro del mundo intelectual parisino, presenta un análisis ontológico de la soledad en tanto una categoría del ser.

La soledad, en este sentido, no es únicamente una noción psicológica como sería la necesidad que tenemos de los demás, ni supone una concepción que contempla la soledad como efecto de la pérdida de una relación previa con otro, vivida como abandono o desdicha.

Comprender cuál es la raíz ontológica de la soledad permite de alguna manera superar la noción misma de soledad.

¿En qué consiste la soledad?

Estamos rodeados de seres y de cosas con las que mantenemos relaciones mediante la vista, el tacto, mediante la empatía, o el trabajo en común, estamos con otros.

Todas estas relaciones son transitivas: toco un objeto, veo a Otro. Pero yo no soy Otro, soy en soledad. Por ello, el ser en mí, el hecho que yo exista, mi existir, constituye el elemento absolutamente intransitivo, algo sin intencionalidad, sin relación.

Los seres pueden intercambiarse todo,  menos su existir. Ser es, en este sentido, aislarse mediante el existir.

Soy mónada en cuanto que soy. Carezco de puertas y ventanas debido al existir, no a un contenido cualquiera que estaría en mí como algo incomunicable. Si es incomunicable es porque está en mi ser, que es lo más privado que hay en mí. De modo que toda ampliación de mi conocimiento, de mis medios para expresarme, carece de efectos sobre mi relación con el existir, una relación por excelencia.

El existir rechaza toda relación, toda multiplicidad. No se refiere a nadie más que al existente.

Levinas caracteriza la soledad como la unidad indisoluble entre el existente y el existir. La unidad misma del existente. Un gran acontecimiento ontológico merced al cual el existente se liga a su existir. El sujeto está solo porque es uno.

Se precisa tal soledad para que exista la libertad del comienzo, el dominio del existente sobre el existir es decir, para que haya existente.

Así pues, la soledad no es solamente desesperación y desamparo, sino también fortaleza, orgullo y soberanía.

El precio que se paga por la posición de existente, es el hecho mismo de no poder separarse de sí.

El comienzo está cargado de sí mismo, es un presente de ser, no de ensueño. Su libertad está limitada inmediatamente por su responsabilidad.

En eso reside su enorme paradoja: un ser libre que ya no es libre porque es responsable de sí mismo.

Por Lic. Susana Stacco

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