LA MEMORIA Y EL OLVIDO

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La sociedad actual es fanática de la memoria y contamos con una prótesis omnipresente de memoria externa global que es Google, que se encarga de recordarnos que nada es más difícil de hacer que olvidar. La memoria y el olvido.

La memoria y el olvido

Sin embargo olvidar es fundamental, necesario y posible.

En “La Genealogía de la Moral”, Friedrich Nietzsche también nos habla de que el olvido es una capacidad activa del organismo: “Cerrar temporalmente las puerta y ventanas de la conciencia, no dejar que nos molesten el ruido y la lucha con el mundo subterráneo, un poco de calma, un poco de “tabula rasa” de la conciencia a fin de que vuelva a haber sitio para lo nuevo.

La utilidad del olvido activo, semejante a un guardián de la puerta, alguien que mantuviese en el alma el orden, la tranquilidad, la etiqueta; se ve así enseguida hasta qué punto no podría haber felicidad, jovialidad, esperanza, orgullo, ni presente, sin el olvido.”

Recordar en exceso enajena el alma. El recuerdo de todo es en sí mismo, un castigo. 

La memoria digital y Funes, el memorioso, no olvidan. Pero la memoria natural u orgánica, sí permite el don del olvido…  

La memoria natural se asienta sobre la tensión entre el recuerdo y el olvido.

En su mayoría las imágenes vividas se pierden u olvidan. Por eso no hay recuerdo sin olvido. El olvido es, incluso una necesidad del sistema nervioso.

Cada persona, en cada momento, es capaz de recordar cuanto le ha sucedido… La función del cerebro  y el sistema nervioso es protegernos, impedir que quedemos abrumados y confundidos por esa masa de conocimientos en gran parte inútiles y sin importancia. La memoria funciona por el olvido de lo innecesario.

Somos poseedores de dos memorias, una memoria a largo plazo que es problemática, histórica y sedentaria, que es una memoria de árbol que reproduce y calca moldes con diferente contenidos, y otra memoria, veloz y fugaz, que funciona como un flash, que es como una visión, una memoria corta y discontinua, que irrumpe y que se produce a condición de que la mente se desconecte de esa memoria primera.

Esta segunda memoria, entonces, se logra gracias al olvido, pues sólo esto permite la captación de lo novedoso.

Por Lic. Susana Stacco

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