La experiencia del prójimo

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El pensamiento de Emmanuel Levinás parte de la idea que la experiencia objetiva fundamental es la experiencia del “prójimo” experiencia por excelencia.

Antes y más alta que la libertad está para Levinás la responsabilidad: el hacerme cargo, no de la existencia propia sino de la indigencia ajena.

Ser responsable es abrirse pasivamente, abnegadamente a la insondable muerte y al sufrimiento del “otro –ahí”sin considerar a éste como espíritu sino justamente como “corporalidad” y carne: como exterioridad.

Ante el semblante, la reacción altruista es: abrirse al mandato “no matarás”

O sea: No reducirás mi desnuda altruidad a la mismidad de tus esquemas de “apropiación”.

No me tendrás por medio ni por objeto (una cercanía al imperativo categórico kantiano: “no tomarás al hombre como medio, sino que lo tomarás por fin en sí mismo”) no harás, en definitiva, de mi desnudez esquiva el objeto de una actividad intencional.

La subjetividad humana no es autonomía o auto-afirmación, sino que significa “sujeción” al otro, quien me singulariza al asignarme la irrenunciable tarea infinita de socorrerle, y al mismo tiempo, me arranca o libera del ser (del mío siempre) que me embruja- ofreciéndome excusas- al darme la orden en que consiste su palabra primera “no me dejarás morir.”

Por Lic. Susana Stacco

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