Esteban Ierardo: Pulir el cristal del pensamiento

|| Comparte conocimiento || @NuminaBlog ||

Retomando a Spinoza, el autor asegura que es necesario remover la suciedad de los prejuicios y las ideas preconcebidas  para pensar con más lucidez y amplitud.

El hombre solitario pule los cristales con un ritmo amoroso y lento. Al frotar una lente, el pensador judeo holandés medita en el tiempo y las cosas, en las caras de Luna y el todo que arde en las ideas y los ojos. Una lente debe estar muy limpia para ver más. Como el cristal del pensamiento, que también debe limpiarse, remover la suciedad de los prejuicios y las ideas preconcebidas para pensar con más lucidez y amplitud.

Spinoza, el pulidor de cristales, se sienta frente a un cómodo pupitre. Escribe entonces su Ética, su opus magnum, escrita en latín y solo publicada después de su muerte en 1677. Piensa allí una realidad única concebida como la “sustancia infinita” que se da a sí misma y que tiene infinitos atributos, de los que el humano solo conoce dos: el pensamiento y la extensión. Esa realidad es un cristal a pulir por el pensamiento. Una totalidad de la que “deben seguirse infinitas cosas en infinitos modos”. Infinita diversidad. La naturaleza es su expresión.

La música de las ideas de filósofo holandés podríamos contrastarla con nuestro tiempo de tecnoglobalidad. Donde Spinoza piensa una totalidad como una unidad creadora de diversidad, la globalización planetaria tiende a homogeneizar y suprimir diferencias entre culturas y pueblos; la totalidad de la plenitud spinozista no es la totalización de un solo modo de vida capitalista sino las muchas posibilidades todavía no realizadas. La totalización como negación del cristal que crea diversidad son también los totalitarismos en lo político, o el capitalismo algorítmico que mejor se apropia de nuestro tiempo para hacernos los sujetos sujetados a la circularidad del consumir imágenes, noticias y entretenimientos que rápidamente se gastan y consumen y nos hacen desear empezar un nuevo círculo de consumo. El cristal con la plenitud de lo diverso no es la totalización de los autoritarismos, las religiones dogmáticas o el capitalismo autorreferente.

En la historia de la cultura, lo real como el cristal a pulir fue pensado como esto o lo otro, y no como el cristal de esto y lo otro. Una práctica común, aún hoy día. La realidad como totalidad se dividió, por ejemplo, en materia o espíritu, mito o lógos, las ideas de Platón o el mundo de las cosas, este mundo o el trasmundo, y ahora, lo digital o lo analógico. El cristal a pulir no es solo lo material sensorial sino también lo intelectual cognitivo y crítico; el cristal a pulir no es solo el tiempo del trabajo obligado y el entretenimiento que pretende absorber todo el tiempo, sino entretenimiento y reflexión, trabajo y realización; el cristal a pulir es lo real que no es solo lo tatuado como lo virtual digital, sino lo digital y lo analógico integrados en una realidad aumentada.

Un Spinoza con su cristal asomado a nuestro tiempo destilaría fastidio también por nuestro modo de vivir entre los titulares ávidos por atrapar la atención y que rápido se desvanecen en las novedades continuas que absolutizan el presente descoyuntado del pasado y el futuro. La tendencia a ser solo en el presente contrasta con la mirada del pensador enamorado del infinito que pretendía ver el fluir de la vida desde una perspectiva de eternidad.

El mundo aturdido entre los llamados a las últimas noticias o series olvida la felicidad que da la compresión de todo el cristal en su amplitud. Pulir ese cristal como una realidad amplia siembra un tipo de amor, que es el amor intelectual (un amor dei intellectualis spinozista) que quiere comprender la realidad total. El amor de lo que vale más allá de lo efímero da la serenidad que aleja de la perturbación. Y pule el cristal con el pensar que quiebra los tobillos de la excitación consumista y de la vida que se parodia a sí misma.

Por Esteban Ierardo
Filósofo, escritor, docente. Sus últimos libros son Sociedad Pantalla y Mundo virtual, y fueron publicados por ediciones Continente. 
Revista Ñ

Más sobre Spinoza

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *