Emmanuel Lévinas: Un compromiso ético de la intersubjetividad.

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Emmanuel Lévinas nació en Lituania en 1906, en una familia perteneciente a la pequeña burguesía judía. El ambiente familiar y cultural que rodeó la infancia del filósofo fue de respeto por sus propias tradiciones y la admiración por los logros de la cultura occidental. La lectura apasionada de la literatura rusa y europea resonará en el Lévinas maduro: esa experiencia literaria adquirirá retrospectivamente carácter de preparación para los estudios filosóficos.

Con la intención de cursar dichos estudios, Lévinas viaja a Estrasburgo en cuya universidad penetra con entusiasmo en el interior de la tradición occidental.

El acontecimiento intelectual decisivo de los años de aprendizaje será la lectura de las “Investigaciones lógicas de Husserl”. El acercamiento al universo fenomenológico lo lleva a Friburgo donde asiste a los últimos seminarios que Husserl imparte antes de su jubilación. El tema de los mismos era la psicología fenomenológica (1928) y la constitución de la intersubjetividad (1928-1929).

La temática de la intersubjetividad, recreada en clave ética, constituirá el núcleo central de su pensamiento.

La lectura de “Ser y tiempo” despertó su interés intelectual y la fascinación nacida del acceso a una profundidad inédita en la obra de Martin Heidegger.

Al igual que para otros muchos jóvenes pensadores del período de entre guerras, el marco reflexivo y metódico abierto por Husserl y prolongado por Heidegger, constituirá  para Lévinas el horizonte en función del cual orientar su mirada intelectual.

La llegada del nazismo al poder confirmando funestos presentimientos y la consiguiente institucionalización del antisemitismo, supusieron una conmoción histórica para la intelectualidad europea.

Más aún para quienes, como el joven Lévinas creyeron ingenuamente, que su adhesión entusiasta a la cultura y sociedad occidentales era perfectamente conciliable con la preservación de su identidad judía.

La Segunda Guerra Mundial truncaría por un tiempo su carrera intelectual movilizado en 1939 como intérprete de ruso y alemán y enseguida capturado y deportado en 1940 a un campo de concentración. Durante largos años de cautiverio leyó a Hegel y comenzó su gran obra: “De la existencia al existente”.

Tras la paz los honores y el trabajo fecundo: “El Tiempo y el Otro”; “Totalidad e Infinito” (1955); “De otro modo que ser o más allá de la esencia” (1974); entre otros.

Obra vasta y de extraordinaria riqueza que, sin embargo, sólo alcanza el reconocimiento que merece a partir de los años 80. Desde entonces, el interés por el pensamiento levinasiano crece sin cesar.

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Por Lic. Susana Stacco

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