EL UNIVERSO ENTERO CABE EN UN VASO DE LECHE

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En este mundo actual, en donde hay millones y millones de seres, no son pocas las personas que se sienten aisladas, separadas del resto, solas. Todo el universo cabe en un vaso de leche.

Todo el universo cabe en un vaso de leche.

Se sienten solas a causa de su egoísmo. El ego ha quedado cristalizado en alguna vieja historia y entonces no se puede mover. Ha creado un cerco en derredor. Siempre es alguna historia vieja y muerta que nos atrapa y nos mantiene inmersos en el sufrimiento.

Por otro lado, hay personas que dicen: “Yo me basto a mi mismo. No tengo esos problemas, yo me comunico con todo el mundo, soy libre, independiente”. Esta es otra forma de ego cristalizado.

Si te sientas quietamente con la espalda derecha, recogido el mentón, sueltos los hombros; si observas el fluir de la respiración y abres tus sentidos, comprenderás inmediatamente, que no hay nada que esté separado. Que no estamos solos porque todo está íntimamente relacionado. Estamos juntos con todos lo seres.

Y cuando digo “todos los seres”, no me refiero solo a los seres humanos. Sino a todos lo seres, a todo el universo.

Hasta para beber un simple vaso de leche, hace falta una vaca. Y a la vaca hace falta quien la ordeñe. Y luego alguien que ponga la leche en un recipiente y algún otro que lleve el recipiente al mercado… ¿y la vaca? Para vivir y producir la leche necesita del pasto. El pasto necesita de la tierra. La tierra necesita humedad, sol, aire, las estrellas…

Todo el universo cabe en un vaso de leche.

De modo que, si en algún momento te sientes solo y separado, cuando bebas tu vaso de leche podrás recordar. No hay manera de estar separado, si se está despierto. Si abandonando el egoísmo abres tus sentidos, vayas donde vayas, estarás junto con todos los seres.

Pero el ego argumenta: “Sí, muy lindas palabras, pero mi vida es complicada, tengo problemas”.

Aquí, ahora que tú y yo estamos solos y en perfecta intimidad, déjame decirte esto: córtate la cabeza y guárdala en el clóset. Guárdala bien guardada y luego sale a vivir la vida. Con el corazón, con los brazos, con las piernas, con el vientre. Sal a disfrutarla, sea lo que sea lo que se presente. Y luego, en algún momento, cuando tengas alguna cuestión que merezca ser pensada, vas al clóset y la buscas. Va a estar ahí. Te va a esperar. Pero la vida… la vida no te va a esperar. Vívela ya con todo tu ser. Junto con todos los seres. Lo tienes todo. Nada te falta. La compañía de electricidad podrá cortarte la luz, pero tu Iluminación no depende de agentes exteriores, sino de la claridad de tu espíritu, de la apertura de tu mente, del abandono del ego.

Suéltalo todo y deja que esa luz se encienda. Suéltalo todo ahora. Firme la espalda, recogido el mentón, respiración larga y profunda.

Tu respiración aquí y ahora es la respiración de todo el universo. Esto es así, no es una metáfora. Es así. ¡Suéltalo! Como sueltas ahora el aire de tu respiración. Entonces el cosmos te alimenta, te nutre, te llena, te ilumina. ¡Suéltalo!

Jorge Bustamante
Del libro “Vida Simple, Vida Zen”

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