Ataduras visibles e invisibles

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Una de las tantas paradojas de la posmodernidad es la profunda escisión que nos atraviesa.

Nuestra existencia física se ve facilitada por los extraordinarios logros técnicos y científicos y sin embargo no sabemos qué hacer con nosotros mismos, cómo entender nuestra propia vida.

La proliferación de recetas contra el stress, la angustia, la depresión, muy lejos de acercarnos a una comprensión esclarecedora sobre qué nos pasa, condiciona y determina los modos de enfermar y de curar; nos releva y nos aleja cada vez más de toda singularidad existencial.

Las soluciones universales impuestas por la tecno-ciencia, construyen un sujeto universal del cual se espera una sola manera de reaccionar. Las conductas, los odios, los amores responden a una causalidad fisiológica o genética que exime de toda responsabilidad a quien los padece.

Hoy, el malhumor es  considerado un producto de una alteración de la química cerebral, la industria farmacológica, agradecida, se ocupará de restablecer el equilibrio.

Este sujeto universal, vaciado en su singularidad, se asemeja a un sujeto- máquina cuyos funcionamientos pueden medirse, calcularse y manipularse. .

La neurociencia es el nuevo positivismo que anula al ser humano tal como lo deshace su prima hermana,  la psiquiatría, al fragmentarlo en una multiplicidad de signos y síntomas.

La salud mental está sujeta a un nuevo monoteísmo, el de la psiquiatría académica cuya biblia tiene nombre y apellido, se la conoce como DSM  (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales).

La tecno-ciencia opera en la subjetividad, instaurando carencias, necesidades, deseos, condicionando el pensamiento, la percepción y la afectividad.

El sistema científico y tecnológico como los sistemas ideológicos, políticos y económicos se encarnan en cada yo singular, le ofrecen certezas y seguridades a cambio de no pensar. Como diría Foucault “…ataduras visibles e invisibles que hipotecan nuestra libertad”.

Nuestra subjetividad es subjetividad capturada, somos personajes actuando adentro de sistemas, respondiendo a códigos establecidos y movidos por las reglas de juego de los sistemas.

En cada sujeto singular se entrecruzan, se combinan y se conjugan diferentes líneas de fuerzas: el sistema capitalista, la ley de mercado, la ciencia, la tecnología, el sistema médico, los modelos culturales atávicos, los modelos sociales vigentes, los emblemas enfermantes de la época, una trama familiar transgeneracional, un destino, que se concretan en un yo culposo, apegado a la razón, a la imagen, a los objetos y entrenado para no pensar.

Cuando se observa el anonadamiento de la conciencia, cuando la vida se atraviesa sin interrogantes, sin cuestionamientos, sin intensidad ontológica, cuando sólo hay certezas, obsesiones y contradicciones y se apaga la búsqueda de sentido y la reflexión que lleve a un hacer responsable, un sistema de captura está laborando, un poder anónimo se extiende y prolifera por las profundidades de las conciencias y los cuerpos.

Por: Lic. Susana Stacco

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