Algo desafina

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Muchos califican de vergüenza los escándalos públicos: danzan los ladrillos verdes y se suceden crímenes entre barrabravas, tomas de la Universidad y los hospitales, auge de la delincuencia y el vandalismo, televisión basura y… suma y sigue.

Los actores del drama nacional no sienten, en rigor, vergüenza. Están en su elemento, viven de la complicidad que los alienta, la indulgencia que los sostiene o la incultura que los fomenta. A la inversa de otros países, en los que las ciudades crecen a expensas del suburbio, entre nosotros es el suburbio el que avanza sobre la ciudad. Suburbio y ciudad, en un sentido cultural y sociológico antes que geográfico.
A la vergüenza hay que buscarla en las condiciones que permiten el florecimiento de una subcultura arrolladora, que va minando la sociedad civilizada y creando una convivencia anómica, en la que lo lindo se ha vuelto feo y lo feo, lindo. Donde lo moral es anticuado, y lo bastardo, blasón.

Sintamos vergüenza por la ausencia de límites, aquellos que la educación desprecia desde hace años y todavía sigue ignorando, con resultados que fluyen y amenazan la estructura social.

 

Tapa del Diario LA PRENSA – Domingo 12 de Agosto de 2007
Link: http://www.laprensa.com.ar/tapa/nota.asp?ed=2503&tp=7&no=80858

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