Zeitgeist: El espíritu de estos tiempos.

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“El estuche ha quedado vacío de espíritu, quién sabe si definitivamente. …” escribía Max Weber en sus ensayos sobre el capitalismo (1.904) “Nadie sabe quién ocupará en el futuro el estuche vacío, y si al término de esta  extraordinaria evolución surgirán profetas nuevos y se asistirá a un pujante renacimiento de antiguas ideas e ideales; o si  por el contrario, lo envolverá todo una ola de petrificación mecanizada y una convulsa lucha de todos contra todos”

Hoy vemos cómo la violencia atraviesa todos los estratos sociales e individuales; violencia mundial, social, familiar. Violencia realizada sobre otros, violencia recibida, violencia perpetrada sobre uno mismo.

La violencia está en la sociedad, en la familia, en la pareja, en cada ser individual: niños, adolescentes, adultos, jóvenes o mayores; tiene múltiples formas y contenidos, violencia frontal, brutal por acción física, psíquica o por omisión. Violencia recibida y violencia realizada.

La violencia tiene muchos rostros; enmascarada bajo la hipocresía del doble discurso erosiona la subjetividad y fragmenta la personalidad causando más violencia y destrucción.

Somos penetrados y manipulados por los medios masivos y la conciencia de esta penetración es precaria, hipo o acrítica.

La adaptación social resignada y pasiva a las condiciones negativas (“es lo que hay”), es una actitud no sólo frágil sino minusválida que nos va anestesiando cada día con el riesgo del deslizamiento a la violencia, a la depresión, a la angustia y al sinsentido.

El aumento del consumo de alcohol y de drogas de abuso; como de la demanda de psicofármacos muestra el incremento del sufrimiento psicológico: depresión, angustia, ansiedad, ataques de pánico; como así también de todas las patologías del estrés que derivan en cuadros somáticos de altísimo riesgo orgánico, hasta llegar a la muerte.

A pesar del desarrollo de la ciencia y de la tecnología, la vida humana (y no humana) se está deteriorando a pasos agigantados en su calidad.

Aceptar que las cosas “son así y no serán de otra manera” paraliza el pensamiento, impide el discernimiento y nos lleva lentamente a la justificación de lo que nos daña.

Como dice Paul Veyne la aceptación acrítica es “uno de los modos de la pereza disfrazada de talento” Confundimos aceptación acrítica con tolerancia y la tolerancia, es un bien demasiado precioso para que la confundamos con la indiferencia o la molicie.

Vivimos en una era de slogans, frases hechas irrelevantes, imágenes, logotipos que saturan la percepción y cuya repetición hasta el hartazgo anestesian el afecto y neutralizan el pensamiento.

Los programas que ofrecen los medios audiovisuales parecieran tener como único fin la dispersión, la carencia de reflexión es decir, el adormecimiento mental y afectivo.

La información que recibimos es de tal magnitud que resulta improcesable y su redundancia produce efectos de sugestión, nos anestesia.

El tratamiento irrelevante, superficial, sesgado de la noticia sujeta a la sociedad a un estado  de desinformación o de subinformación alarmante, que nos hace cómplices por ignorancia de las ideologías y discursos malintencionados que tejen una realidad falsa.

Doble discurso. Conciencias adormecidas. Miradas fragmentadas.

Todos y cada uno de nosotros está inmerso en un sistema que está operando en nuestras cabezas sin que lo advirtamos. Trabaja sobre nosotros de una manera  silenciosa distribuyendo lugares sociales, determinando inclusiones y exclusiones, definiendo éxitos y fracasos, condicionando el deseo, las preferencias y  las elecciones.

Dice Deleuze que los poderes se erigen en el pensamiento para someterlo e impedir su funcionamiento; el pensamiento se ajusta a las significaciones dominantes, a las exigencias del orden establecido.

Este régimen opera en todos los registros de la vida social: en el mundo, en el país, en las instituciones, en cada hogar. Actúa por penetración, está adentro de las mentes y de los cuerpos, captura las vidas.

Nuestra subjetividad es subjetividad capturada por ataduras visibles e invisibles que hipotecan nuestra libertad. El conocimiento de uno mismo implica conocer los fenómenos que nos capturan. Se absorben por los poros moldes y modelos de una cultura. Lo permitido y lo esperado para una época marca un cuerpo, un físico, una emoción, un modo de pensar, sin excepción, de manera  terrible y silenciosa.

Michel Foucault abrió un campo conceptual para hacer visibles  los enmarañados tentáculos del poder creando conceptos y acuñando términos para penetrarlos y volverlos inteligibles.

Para este autor el sujeto actual ha surgido de una sucesiva y  prolongada modelación como resultado de los diversos dispositivos del poder a los que ha estado expuesto. El poder y las necesidades de ejercer el control han creado mecanismos que han ido forjando la gran matriz de la subjetividad.

 

Por Lic. Susana Stacco

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