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Redes de control y captura

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Michel Foucault abrió un campo conceptual para hacer visibles  los enmarañados tentáculos del poder creando conceptos y acuñando términos para penetrarlos y volverlos inteligibles.

Para este autor el sujeto actual ha surgido de una sucesiva y  prolongada modelación como resultado de los diversos dispositivos del poder a los que ha estado expuesto. El poder y las necesidades de ejercer el control han creado mecanismos que han ido forjando la gran matriz de la subjetividad.

Hasta fines de la modernidad, el modo de controlar a los individuos, se realizaba a través de las instituciones disciplinarias: la escuela, la universidad, la fábrica, el cuartel, el asilo, estructurando los parámetros y los límites del pensamiento, las acciones, sancionando y prescribiendo los comportamientos normales y/o desviados.

Este sistema de poder fijó individuos dentro de instituciones pero no logró consumirlos completamente hasta el punto de impregnar por completo las conciencias y los cuerpos, el punto de tratarlos y organizarlos en la totalidad de sus actividades. En la sociedad disciplinaria la relación entre el poder y los individuos permaneció estática: a la invasión disciplinaria del poder le correspondió la resistencia del individuo, es decir que dejaba un margen a la resistencia.

En contraste, cuando el poder se vuelve enteramente biopolítico, todo el cuerpo social queda comprendido en la máquina del poder que se desarrolla virtualmente, se extiende por las profundidades de las conciencias y los cuerpos y al mismo tiempo a través de las relaciones sociales.

La obra de Foucault permite comprender la naturaleza de este nuevo paradigma de poder que regula la vida social desde su interior, siguiéndola, interpretándola, absorbiéndola.

El poder puede lograr el control efectivo sobre toda la vida de la población sólo cuando se torna una función integral, vital, que cada individuo incorpora, reactiva y realimenta con su acuerdo en pensamiento y acción.

Como dijo Foucault: “la vida se ha vuelto ahora…un objeto del poder” La más alta función de este poder es infiltrar cada vez más la vida, y su objetivo primario es administrar la vida de los seres humanos, dirigiéndola, incitándola, vigilándola, produciendo “un modo de vida.”

Este autor sostuvo en diversos trabajos que “el control de la sociedad sobre los individuos no solo se lleva a cabo mediante la conciencia o la ideología, sino también en el cuerpo y con el cuerpo. Para la sociedad capitalista lo más importante es la biopolítica, lo biológico, lo somático, lo corporal.”

El biopoder, pues, se refiere a una situación en la cual el objetivo del poder es la producción y la reproducción de la vida misma.

En “Posdata a las sociedades de control” (1.991) Deleuze retoma las conceptualizaciones foucaultianas para extender su análisis del poder a la sociedad informatizada.

Deleuze piensa que las sociedades disciplinarias están llegando a su fin ante una crisis generalizada de los lugares de encierro y en su lugar se está gestando una nueva sociedad que bautizó como sociedades de control.

En ellas la dominación y el control de las personas ya no se asientan en diferentes instituciones de encierro sino que se ejercen en espacios abiertos gracias a las tecnologías digitales.

Los avances tecnológicos posibilitan técnicas cada vez más complejas y efectivas: son flexibles, fluctuantes y omnipresentes ya que tienden a envolver todo el cuerpo social sin dejar prácticamente nada fuera de control.

La eficacia de esta nueva forma de dominación se refuerza porque su presencia es imperceptible, por la sensación de libertad que despierta, por la manipulación de la carencia, la necesidad y el deseo. La vigilancia es total y las viejas formas de resistencia pierden su capacidad de lucha.

Los seres humanos ya no somos personas, individuos, sujetos sociales, ciudadanos, sino flujos de datos que circulan por redes informáticas que registran todos los movimientos y ejercen su control en espacios abiertos, al aire libre.

Los collares electrónicos, llámense tarjetas de crédito, celulares, chips, contraseñas, accesos a Internet, tarjetas electrónicas, que nos conectan al sistema, nos reducen a códigos de barra que ingresan nuestros datos en una red de control total, por lo cual podemos ser observados, vigilados, rastreados y localizados.

El epicentro de esta nueva microfísica de poder lo constituyen las terminales digitales, mediante las cuales entramos en conectividad con el sistema de redes.

Los dispositivos están destinados no a la producción del trabajador, incrementando su utilidad, su docilidad, su obediencia como pretendían las viejas disciplinas sino a la conformación del consumidor. Para afianzar el consumo, el marketing se ha transformado en el nuevo instrumento de control social.

Ahora las personas se definen según su relación con el mercado. El interés primordial no es ya promover ciudadanos obedientes y productores dóciles; el objetivo es producir consumidores insaciables, controlados por el discurso del marketing.

Seguí leyendo >>>> ¿Cómo escapar de estas nuevas redes de control y de captura?

 

Por Lic. Susana Stacco

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