Mi visión del mundo

Por Albert Einstein
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MI VISIÓN DEL MUNDO

Por Albert Einstein

La genial innovación científica de Einstein a veces hace olvidar su condición de humanista. Junto al Einstein de la teoría de la relatividad, existió el crítico del fascismo, el racismo, el autoritarismo dogmático o los militarismos. Y también palpitaba el Einstein religioso. “El buen Dios no gusta jugar con los dados”, solía decir. Afirmación de una creencia en un orden inteligente, eterno y necesario del universo. El Einstein religioso practicaba lo que denominaba “religiosidad cósmica”. Una religiosidad relacionada con el asombro ante lo enigmático dado que “el misterio es lo más hermoso que nos es dado sentir. Es la sensación fundamental, la cuna del arte y la ciencia verdaderos. Quien no lo conoce, quien no puede asombrarse y maravillarse, está muerto. Sus ojos se han extinguido”

Presentamos algunos fragmentos de su libro en los que reflexiona sobre el sentido de la vida, la educación, la  necesidad de una cultura que alimente sólidos principios éticos.

 “Mi visión del mundo” por Albert Einstein

Curiosa es nuestra situación de hijos de la Tierra. Estamos por una breve visita y no sabemos con qué fin, aunque a veces creemos presentirlo. Ante la vida cotidiana no es necesario reflexionar demasiado: estamos para los demás. Ante todo para aquellos de cuya sonrisa y bienestar depende nuestra felicidad; pero también para tantos desconocidos a cuyo destino nos vincula una simpatía.

Pienso mil veces al día que mi vida externa e interna se basa en el trabajo de otros hombres, vivos o muertos. Siento que debo esforzarme por dar en la misma media que he recibido y sigo recibiendo. Me siento inclinado a la sobriedad, oprimido muchas veces por la impresión de necesitar del trabajo de los otros. Pues no me parece que las diferencias de clase puedan justificarse: en última instancia reposa en la fuerza. Y creo que una vida exterior modesta y sin pretensiones es buena para todos en cuero y alma.

Los ideales que iluminaron y colmaron mi vida desde siempre son: bondad, belleza y verdad. La vida me habría parecido vacía sin la sensación de participar de las opiniones de muchos, sin concentrarme en objetivos siempre inalcanzables tanto en el arte como en la investigación científica. Las banales metas de propiedad, éxito exterior y lujo me parecieron despreciables desde la juventud.

Hay una contradicción entre mi pasión por la justicia social, por la consecución de un compromiso social, y mi completa carencia de necesidad de compañía de hombres o de comunidades humanas. Soy un auténtico solitario. Nunca pertenecí del todo al Estado, a la Patria, al círculo de amigos ni aún a la familia más cercana. Si siempre fui algo extraño a esos círculos es porque la necesidad de soledad ha ido creciendo con los años.

El que haya un límite en la compenetración con el prójimo se descubre con la experiencia. Aceptarlo es perder parte de la inocencia, de la despreocupación. Pero en cambio otorga independencia frente a opiniones, costumbres y juicios ajenos, y la capacidad de rechazar un equilibrio que se funde sobre bases tan inestables.

Mi ideal político es la democracia. El individuo debe ser respetado en tanto persona. Nadie debería recibir un culto idolátrico. (Siempre me pareció una ironía del destino el haber suscitado tanta admiración y respeto inmerecidos. Comprendo que surgen del afán por comprender el par de conceptos que encontré con mis escasas fuerzas, al cabo de trabajos incesantes. Pero es un afán que muchos no podrán colmar).

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