Las poesías que acompañaron nuestra infancia

Recordando a los poetas que nos llenaron el alma de música y fantasía
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EL SAPITO GLO… GLO… GLO…

el sapito glo glo glo

Nadie sabe donde vive
nadie en la casa lo vió.
Pero todos escuchamos
al sapito glo…glo…glo…

¿Vivirá en la chimenea?
¿Dónde diablos se escondió?
¿Dónde canta cuando llueve?
El sapito glo…glo…glo…

¿Vive acaso en la azotea?
¿Se ha metido en un rincón?
¿Está bajo de la cama?
¿Vive oculto en una flor?

Nadie sabe donde vive.
nadie en la casa lo vió
pero todos escuchamos
cuando llueve: glo…glo…glo…

José Sebastián Tallón

 

EL GRILLO

grillo

Música porque sí, música vana
como la vana música del grillo;
mi corazón eglógico y sencillo
se ha despertado grillo esta mañana.

¿Es este cielo azul de porcelana?
¿Es una copa de oro el espinillo?
¿O es que en mi nueva condición de grillo
veo todo a lo grillo esta mañana?

¡Que bien suena la flauta de la rana!…
Pero no es son de flauta: en un platillo
de vibrante cristal de a dos desgrana

gotas de agua sonora. ¡Qué sencillo
es a quién tiene corazón de grillo
interpretar la vida esta mañana!

Conrado Nalé Roxlo

 

LA BALADA DE DOÑA RATA

doña rata

Doña Rata salió de paseo
por los prados que esmalta el estío;
son sus ojos tan viejos, tan viejos
que no puede encontrar el camino.

Demándole a una flor de los campos:
-guíame hasta el lugar en que vivo.
Mas la flor no podía guiarla
con los pies en la tierra cautivos.

Sola va por los campos, perdida;
ya la noche la envuelve en su frío,
ya se moja su traje de lana
con las gotas del fresco rocío.

A las ranas que halló en una charca
Doña Rata pregunta el camino,
mas las ranas no saben que exista
nada más que su canto y su limo.

A buscarla salieron los gnomos,
que los gnomos son buenos amigos.
En la mano luciérnagas llevan
para ver en la noche el camino.

Doña Rata regresa trotando
entre luces y barbas de lino.
¡Qué feliz dormirá cuando llegue
a las pajas doradas del nido!

Conrado Nalé Roxlo

 

LOS ENANITOS

 

enanitos

Cuando está la luna
sobre el horizonte
muchos enanitos
juegan en el monte.

A las esquinitas
y a la rueda, rueda,
juegan los enanos
bajo la arboleda.

Muy blanca la barba,
muy rojo el vestido,
los enanos juegan
sin hacer ruido.

Y así, como blandos
ovillos de lana,
por el campo corren
hacia la montaña.

Germán Berdiales

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