La manifestación de lo sagrado

En nuestra lengua, para referirnos a la experiencia de lo sagrado solamente contamos con la palabra religión que está connotada por una serie de elementos institucionales.
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En la palabra religión se piensa en un conjunto de credos, de tradiciones, en una historia eclesiástica. Por esa razón toda una elaboración teórica del siglo XX, en la que se destaca la obra de Mircea Elide, ha determinado de manera más precisa la noción de lo sagrado, diferenciándola de la de religión.

Lo sagrado se define por oposición a lo profano como “misterio tremendo y fascinante”, como pleno de intensidad -de sentido y de sentimiento- como aquello que se opone al estado de conciencia propio de lo profano en la que vivimos en medio de significados utilitarios, preocupaciones e intereses personales.

Cuando lo sagrado irrumpe como un rayo nos despertamos.

En el mundo antiguo encontramos diversas palabras que refieren a la manifestación de lo sagrado, que no tienen que pasar  por una ortodoxia o por una institución, por eso podemos hablar de una experiencia no religiosa de lo sagrado.

Podríamos decir que la desaparición de las religiones no implicaría, en modo alguno, la desaparición de la religiosidad.

La religiosidad es una vivencia, una experiencia sensible. Tema largamente estudiado por nuevas disciplinas que surgen a mediados del siglo XX como la Antropología Filosófica, en tanto el comportamiento del hombre religioso se inscribe en el comportamiento general del hombre; también le interesa a la Fenomenología de la Religión, a la Psicología, a la Etnología Cultural.

El hombre religioso se encuentra con hierofanías, manifestaciones de lo sagrado, algo sagrado se nos muestra. La manifestación de algo “completamente diferente”, de una realidad que no pertenece a nuestro mundo, en objetos que forman parte de nuestro mundo natural.

Lo sagrado puede manifestarse en las piedras, en los árboles. No se trata de la veneración de una  piedra o de un árbol por sí mismos. Son venerados porque son  justamente hierofanías; por el hecho de mostrar algo que ya no es ni piedra ni árbol, sino lo sagrado.

Al manifestar lo sagrado, un objeto cualquiera se convierte en otra cosa sin dejar de ser el mismo, pues continúa participando del medio natural.

Para los que tienen una experiencia religiosa, la naturaleza en su totalidad, el cosmos en su totalidad se pueden convertir en una hierofanía (de hieros=sagrado y phainomai=manifestarse)

 

Por Lic. Susana Stacco

 

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