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El hombre religioso

Lo sagrado y lo profano
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Uno de los más importantes historiadores de las religiones, contemporáneo (fallecido en 1986) fue el rumano Mircea Eliade. En su libro “Lo sagrado y lo profano” dice:

“Cualquiera que sea el contexto histórico en que esté inmerso el hombre religioso (como lo estamos entendiendo: aquél que establece una relación viva con el cosmos, con un principio divino) cree siempre que existe una realidad absoluta, lo sagrado, que trasciende este mundo  pero se manifiesta en él y por eso lo santifica y lo hace real.”

Se trata de una realidad absoluta que trasciende este mundo pero se manifiesta en él y por eso mismo el hombre lo santifica, es decir que en un punto el hombre es receptivo pero en otro sentido, es activo, toma una determinada actitud, se lo apropia.

¿De qué manera? A través de ritos, plegarias, imágenes, himnos, oraciones.

¿Y qué tienen en común? El símbolo, porque son expresiones de los sagrado.

El hombre entra en conocimiento de lo sagrado, porque lo sagrado se manifiesta, se muestra.

Esta manifestación de lo sagrado es una hierofanía (de hieros=sagrado y de phainomai=manifestarse) Algo sagrado se nos muestra.

La manifestación de algo diferente de una realidad que no pertenece a nuestro mundo es un acto misterioso.

La simple observación del cielo desencadena una experiencia religiosa. El cielo se revela infinito, trascendente en relación a esta nada que representa el hombre y su entorno. Es una toma de conciencia total que lo mueve y lo conmueve: cara al cielo descubre la inconmensurabilidad divina y su propia situación en el cosmos. Cuando se admiraba ante el cosmos, no se admiraba ante la idea, se admiraba ante la captación de la realidad. El cielo revela la fuerza de la eternidad.

La Tierra es transparente y se presenta como madre y nodriza universal. La Tierra generosa, fuente generadora de vida, se revelaba como una teofanía, una manifestación de lo divino. Asociada a la fertilidad, si ella daba vida, también la quitaba. Es la que todo da pero también la que todo quita.

La Madre Tierra, toda ella es potencia creadora. La Diosa Madre es expresión de la unidad, integradora de la Vida y de la  Muerte en un ciclo común de nacimiento, muerte y regeneración.

 

 

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