El deseo impuesto

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Estar vivo es tener deseos. El deseo en sí mismo es energía libre y dinámica; es polimorfo y múltiple; no tiene objeto, es ciego. Simplemente desea. Pero cuando es manipulado para ejercer dominio sobre las personas, se lo rotula, se lo etiqueta, se le pone nombre. Las personas entonces, “saben lo que quieren”, aunque siguen sin saber que ese deseo les fue impuesto.

En el sistema actual se codifica el deseo como mercadería para ser consumida; de este modo se fortalece por un lado el dispositivo económico y por otro, se facilita la tarea de gobernar porque se borran las diferencias, ya que se supone que son fuente de conflictos.

Los pensadores que guían nuestras búsquedas rechazan todo tipo de totalitarismos y nos invitan a pensar por fuera de las ideologías de izquierda, de derecha o de centro. Esto es sin adhesiones ideológicas o partidarias, sin pretender soluciones globales o abarcadoras.

Ellos, más bien, apuntan a intentar cambios a través de una conciencia crítica, analizando y haciendo visibles las ideologías, las creencias y los valores que sostenemos en nuestra vida, impuestos por los poderes políticos, teóricos, religiosos, familiares, porque quedarse en ellos es comenzar a domesticarse.

En toda existencia se conjugan dimensiones deseantes, políticas, económicas, sociales e históricas; estos sistemas cubren todo el espectro social y  pasan por nuestra individualidad, toman nuestra subjetividad y salen de nuestro interior actualizados en lo que pensamos, generando emociones, palabras y acciones.

Sus tentáculos invisibles penetran los cuerpos y las mentes llevándolos a un estado de docilidad y anonadamiento que se sintetiza en la expresión “es lo que hay” “qué se le va a hacer” “qué se puede hacer” “es así” y cuya  manifestación psicosomática se traduce en tensión, contracción, compresión, desvitalización, impotencia o pánico.

Todo sistema de captura produce una enorme pérdida de vitalidad porque se alimenta de la energía, del entusiasmo, de la creatividad, de la voluntad, del esfuerzo y del tiempo de cada ser. El objetivo es colonizar las conciencias a través de discursos que crean “significados” y que provocarán acciones de acuerdo a ellos.

Si cada uno lograra, paso a paso, desmontar los sistemas de poder que trabajan sobre nuestra vida, ese mismo proceso irá levantando la potencia de vida en cada uno de nosotros, infundiendo mayores grados de vitalidad.

 

Por Lic. Susana Stacco

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