Deterioro o plenitud. Una elección de vida.

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La escalada de violencia, la falta de responsabilidad en los actos públicos y privados, el escaso compromiso con los demás (el “sálvese quien pueda”), el individualismo a ultranza, el consumismo exacerbado, toda esta parafernalia que se acrecienta en forma acelerada y de la cual somos autores y actores, levanta las voces de muchísimos pensadores que nadie escucha.

Félix Guattari, prestigioso psicoanalista y filósofo de la posmodernidad, crítico del discurso psicoanalítico, coautor junto a Gilles Deleuze de “Mil Mesetas” y del “Antiedipo”, planteó en una de sus obras (Les trois écologies, 1.989) que nuestro planeta está transitando una dicotomía gravísima.

Por un lado hay grandes avances técnicos y científicos que nos están asegurando la prolongación de la vida y por el otro lado hay fenómenos de desequilibrio ecológico, de destrucción en diferentes niveles, humanos y no humanos, y de autodestrucción que están amenazando permanentemente la vida.

Esta dicotomía que todos vamos sosteniendo, está trayendo profundas conmociones, en todos los  planos de la existencia, y la vida humana en lugar de ir hacia estados de mayor salud y plenitud, está en un proceso de deterioro en su calidad.

Él concluye que el gran problema reside en la subjetividad que está yendo en forma acelerada hacia una infantilización creciente y hacia una mayor rigidez; por lo cual no va a existir ningún cambio planetario que primero no sea un cambio en la subjetividad.

No habría manera de cambiar sistemas sociales, económicos, políticos si no se hace paralelamente un cambio en la mentalidad que soporta esos sistemas; esto es, tendría que haber un cambio en los sistemas sociales visibles y en los campos subjetivos invisibles.

No existe ningún tipo de organización para lo humano que hoy sea sostenible si no hay un cambio en la mentalidad de cada uno de nosotros.

La única manera de detener este proceso de destrucción y de autodestrucción es que los seres humanos logren mutar su mentalidad. No alcanza con plantearnos cambios adaptativos, posicionales o caracterológicos. El cambio que se pide es más profundo, una verdadera mutación ontológica. El trabajo es de cada uno en su mismidad, en su interioridad, una transformación progresiva de sí mismo de la que uno es absolutamente responsable.

Mucho hay por hacer a nivel personal para que se produzcan cambios a nivel transpersonal.

 

Por Lic. Susana Stacco

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