¿Cuál es la lucha que tendríamos que emprender para superar el entumecimiento físico y mental?

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Primeramente desconfiar de los convencionalismos, del “sentido común”, de los discursos consensuados, de la opinión pública. Darse cuenta de la manipulación a la que se está sometido.

Descomponer nuestras certezas porque las certezas actúan como calmantes, dan sueño y entumecen el pensamiento. Es necesario romper con las evidencias de nuestros pensamientos poniéndolos en tela de juicio y ver cómo fallan. Nuestras ideas están estructuradas en conceptos y categorías rígidas que, como bloques congelados se reproducen repetidamente. Vemos con nuestras ideas, el principal órgano de la visión no es el ojo, es el pensamiento; seleccionamos de la realidad lo que nuestro pensamiento ya tenía la intención de encontrar. Nuestra visión está condicionada, hay muchos velos entre nuestros ojos y el mundo.

Modificar nuestras ideas y construir nuevas  nos ayudará a percibir el mundo de una manera nueva. Cuando una nueva significación nos penetra, se produce un cambio en nuestra relación con la vida. Comenzar a pensar es comenzar a cambiar la realidad.

Observar nuestras contradicciones, observar la enorme distancia que existe entre lo que hacemos y decimos, entre lo que pensamos y sentimos, entre lo que silenciamos y opinamos. Es un trabajo muy difícil, porque tenemos un gran aparato justificatorio defensivo, de salvataje, que nos exime de hacernos responsables de este doble discurso.

El doble discurso es la falta de responsabilidad ante una acción realizada y desdibujarla con un gran discurso que la enmascara. La persona se lava las manos con respecto de una acción y nos inunda la cabeza con palabras vacías.

Deleuze lo llama “pacto diabólico”: esto es, no ser genuino en gesto y palabra.

Dudar de aquéllos que adoctrinan y dan clase como sacerdote en misa, no dejarse hipnotizar por los seudomaestros que de un modo seductor, simpático, gracioso se suben a un seudopúlpito para transmitir  seudoverdades.

Leer a autores que impulsen nuestro pensamiento, sobre todo aquéllos que le ponen el cuerpo a la complejidad de las teorías, a los creadores de conceptos que se dan también en la literatura.

Es necesario construir pensamiento, empezar a ver qué somos y dónde estamos. Plantearse preguntas es comenzar a restituir la capacidad de pensar libremente.

Pensar es un acto que requiere curiosidad, audacia, salirse de los moldes, transgredir límites incluso entre las disciplinas para encontrar nuevos territorios intelectuales y vitales.

En lugar de ir por la misma ruta, tomar caminos laterales y encontrar lo novedoso, lo diferente.

Conocer es animarse a entrar en lo no sabido, en lo desconocido, no en  lo que confirma lo que creemos saber.

Eso es posible solamente –dice Julia Kristeva- si uno se cuestiona a sí mismo, si se es capaz de atravesar experiencias interiores y recién después uno podrá traspolar lo aprendido a una sociedad encadenada por las finanzas y por los elementos del lenguaje.

 

Por Lic. Susana Stacco

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