¿Cómo escapar de estas nuevas redes de control y de captura?

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Gilles Deleuze señala que el desafío es desenmarañar las redes del poder, hacer visibles las mallas cada vez más sutiles y menos perceptibles de los nuevos dispositivos de poder.

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Imaginar nuevas alternativas de resistencia, nuevos modos de hacer grietas en un sistema que se muestra totalitario.

Antonio Negri y Michael Hardt en su libro “Imperio” plantean que “la deconstrucción del reino espectral del capitalismo globalizado” es un proceso que comporta dos movimientos:

El primero es crítico, deconstructivo del discurso hegemónico, denunciando y poniendo luz en las contradicciones, ambigüedades, fisuras de toda la materia discursiva que se ha ido armando a través del tiempo y que ha ido silenciando cualquier realidad que no se aviniera al orden impuesto por el poder dominante.

La deconstrucción pretende mostrar las falacias, las grietas del sistema; denunciar por ejemplo, las escandalosas contradicciones de los discursos considerados serios.

Desmontaje de los discursos. Esther Díaz señala que los discursos se desmontan como se desmonta una casa antigua para reciclarla. Desmontar un discurso es como descascarar un edificio para que aparezcan sus fisuras. Atisbar sus ensambles para descubrir sus puntos de apoyo, sus componentes, su conformación.

La deconstrucción no pretende destruir las categorías culturales ni la tradición. Intenta en cambio, señalar y flexibilizar los límites del sistema.

Esta autora cita a Derrida, quien propone mantenerse en los márgenes, en la deconstrucción. No habitar ningún centro. No hacer tampoco un centro de la marginación. El corrimiento debe ser constante. Habría que transitar la transgresión sin institucionalizarla.

Deconstruir las jerarquías impuestas por un dominio que niega o anula las diferencias, sin incurrir en una dictadura de signo contrario.

No se trata de negar las estructuras que animan el sistema  sino reconocerlas, y ver cómo funcionan en la propia vida. El análisis que se propone no debería realizarse por medio de formas ideales sino dentro del denso complejo de la existencia.

Desmontar no es criticar, ni debatir, tampoco interpretar. Desmontar es observar como los sistemas políticos y económicos se propagan en planos concretos, en la vida cotidiana, a través del pensamiento y las acciones de las personas.

Desmontar es ver por detrás de las escenas, de las representaciones, de las imágenes, de los discursos.

El verdadero movimiento de desmontaje es en el interior de cada uno de nosotros, en nuestra propia subjetividad, a través de intensos movimientos afectivos, perceptivos y cognitivos. Es un proceso arduo que actúa segmento a segmento, en crisis continuas, en devenir permanente.

El segundo momento es de carácter ontológico, constructivo y creativo.  Nuevas ideas, actividades, voluntades y deseos que rechacen el poder hegemónico proponiendo y forjando alternativas concretas empujadas continuamente hacia adelante por las fuerzas subjetivas actuando en el contexto histórico.

Esto significa que el movimiento posible para liberar las mentes debe hacerse dentro del sistema, no retirándose de él místicamente, sino adquiriendo responsabilidad ontológica ante lo que sucede.

Tampoco se sale de él por asistencialismo, ni por caridad, menos aún razonando o teorizando o escuchando a los nuevos “líderes espirituales”; el cambio tiene que producirse por un salto ontológico en cada uno de nosotros y esto se logra con múltiples conocimientos, afecto sereno y sobrio, la modificación del lenguaje, el trabajo permanente, la acción y la pasión.

Este proceso comienza con una profunda toma de conciencia, con un intenso trabajo de cada uno en su subjetividad, lo cual requiere fuerza interior, coraje y la absoluta responsabilidad y el compromiso con nuestra existencia.

Es un proceso difícil que requiere esfuerzo sostenido, curiosidad, observación, imaginación, entusiasmo, creatividad para romper, segmento a segmento las cadenas que nos atan.

Todo proceso vital tiene que ser un desmontaje permanente de sistemas de captura, para continuar siendo proceso, para seguir siendo vida.

 

Por Lic. Susana Stacco

 

 

 

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