El aroma del tiempo II

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(…) Es interesante que el embriagador aroma del tiempo se despliegue en el aroma real. Está claro que el sentido del olfato es un órgano del recuerdo y del despertar. La memoria involuntaria también se activa mediante la experiencia táctil (la rigidez de la servilleta almidonada o los adoquines irregulares), acústica (el sonido de una cuchara sobre un plato) y visual (la visión de la torre de Martinville). Pero del recuerdo desatado por el olor y el sabor del té, emana un aroma del tiempo especialmente intenso. Resucita el mundo de la infancia.

Los aromas y los olores se entregan por completo al pasado, generan amplios espacios temporales. De este modo ponen los fundamentos para los primeros recuerdos. Un único aroma es capaz de revivir un universo de la infancia ya dado por perdido.

 

Fragmento del libro de Byung-Chul Han

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