Actualidad de la religión

Fragmento de un ensayo del filósofo cordobés Oscar del Barco referido a la religiosidad contemporánea.
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Entro a una iglesia, a una mezquita, a una sinagoga, a cualquier templo, y le pregunto a alguien, a mi vecino, por ejemplo, si cree en dios, y él me responde que sí; yo no le pregunto qué entiende por dios sino por qué cree en dios y él me responde: porque alguien tiene que haber hecho esto, es decir al mundo y a nosotros mismos, porque esto tiene que tener una causa o, dicho con otras palabras, un sentido.

Lo que me interesa señalar, más allá de la respuesta sobre el qué es dios (respuesta imposible por otra parte), es la motivación. Aquello o eso que suscita la pregunta y la respuesta: lo previo a toda pregunta y a toda respuesta. Y creo que esto es importante pues nos sitúa fuera de cualquier idolatría.

El hombre, de alguna manera (comúnmente de una manera en la que no piensa o que sólo piensa cuando es interrogado) está sorprendido o admirado (recordar que la admiración era considerada por los griegos como la causa de la filosofía) frente a esto, al ser, a la maravilla infinita del mundo, frente a la “perfección” del mundo. El hombre común cree en dios “porque debe haber”…digamos algo (¡qué palabra!) que le dé un sentido, tanto a él como a las cosas. Este problema del sentido, que a mi juicio está implícito en la respuesta del hombre común, es un problema esencial de la filosofía, vale decir que el llamado hombre común, es potencialmente filósofo. Y si fuera cierto que la filosofía comenzó con la admiración poderosa, desgarradora, entonces el hombre común está en el inicio de la filosofía…y de la religión. En la base de ambas está la inquietud, la sorpresa, la angustia, la pregunta: “por qué hay algo, mundo, animales, hombres…y no nada” como se preguntó Leibniz.

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