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Actualidad de la religión (segunda parte)

Presentamos otro fragmento del  ensayo del filósofo cordobés Oscar del Barco referido a la religiosidad contemporánea
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En el lugar donde aparecieron los primeros rastros que confirman la existencia de seres humanos se encontraron restos de un hombre que por su posición y por los restos orgánicos de comida, de fuego, etc. demuestra  que en su mundo ya había una creencia “religiosa”; lo mismo puede comprobarse en los dibujos y pinturas de Lascaux, de TroisFrères, de Altamira etc. En todos ellos se manifiesta una concepción mágica del mundo. Y la magia, como el animismo, del mal llamado mundo “primitivo”, son concepciones no-primitivas de orden religioso. Nadie sostiene que el catolicismo o el judaísmo sean religiones mágicas, pero están impregnadas de elementos mágicos: mágico es un dios que habla desde una zarza, que dice que “es”, que es comido y bebido, que realiza “milagros”, que transforma una cosa en otra, que resucita a los muertos, que camina sobre el agua, etc.

La creencia “primitiva” en un espíritu que existe y actúa constantemente y que da razón a todo, es una creencia religiosa, la creencia panteísta de que todo es dios, es una creencia religiosa, la creencia de que todo está “animado” por espíritus es una creencia religiosa. Y en la base de todas estas creencias está latente la pregunta por lo que llamo el sentido-del-ser, aunque en la mayoría de los casos la pregunta esté sólo implícita, pero esto no le quita potencia sino que, por el contrario, la muestra como un puente con la grandes religiones ecuménicas.

Dicha pregunta, por otra parte, y esto es esencial, no es una pregunta estricta y puramente filosófica, es una pregunta existencial-carnal-espiritual donde se mezclan esperanzas, temores, deseos, angustias, vida y muerte… Digo “existencial” para remarcar que no se trata de un problema teórico, aunque a partir de este conglomerado afectivo básico se van a constituir por una parte la filosofía y por la otra la teología, o las filosofías y las teologías.

Hay la religión del común (con todas las motivaciones positivas y negativas que se pueden señalar), pero esta misma religión va como decantándose, purificándose o siendo conceptualizada, hasta llegar al mundo también rico, inmenso, de la teología, cuyo objetivo es explicar racionalmente, recurriendo tanto a la razón como a la intuición, lo que el común practica sin crearse problemas: lo que llamo el hombre común cree porque cree, porque le enseñaron el catecismo desde niño, porque sus padres y en general todo el mundo cree, porque “debe haber algo” o para estar tranquilo al hecho indubitable de la muerte, etc.

El teólogo o el filósofo tratan de rendir cuenta racional de esta “creencia”. Lo que quiero que quede claro es que hay una base común en la religión, en la teología y en la filosofía…y que es a partir de esta base común (desde el sinántropo, desde las magias de todo tipo y de todos los pueblos con sus mitos, creencias, prácticas, religiones etc.) que se elaboró el complejo mundo-religioso desde el principio, mundo religioso que culminó en las grandes y diversas teologías y filosofías de la religión…

Mi empeño es encontrar un punto absolutamente común “religioso” (podríamos darle otro nombre: por ejemplo espíritu, alma, yo o conciencia trascendental, voluntad, dios, libertad etc.) que está en la base de toda religión, arte, filosofía y, digamos, de todo ser humano en cuanto tal…

Ese punto común no es una pregunta ni una efectividad, ni una afectividad del hombre sino que es el hombre, o con mayor precisión: llamamos hombre a eso que llamamos el punto originario… de la religión.

En resumen: todo los hombres creen, ya sea en una piedra, en un espíritu que sostiene y se manifiesta en todas las cosas del mundo, en un espíritu absoluto como Hegel, en un dios que ha huido como Hölderlin, en un dios sin ser o más allá del ser como Platón, o en un dios sin dios, en un dios creador como dice la Biblia, en una divinidad, o en la simple pregunta o expectativa por el qué o por lo posible o el presupuesto de eso-algo-dios-ser-sustancia-voluntad, etc.

Si esto es así podríamos aventurar que la religión es forma de la expansión hiperbólica de una creencia. Los cientos de religiones que existen en el mundo, con sus iglesias y sus sectas, desde las más rudas hasta las más sofisticadas, las actuales y las que han desaparecido, las que conocemos y las que ignoramos, son formas, digamos, de esta creencia originaria. De alguna manera el hombre, todo hombre, es religioso en la medida en que por lo menos cree que hay algo, y además cree que él mismo existe o es (aquí la referencia obligada es Kant: “al menos yo existo”) Y esta creencia es un Acontecimiento diría insondable, un prodigio del que se deben extraer las consecuencias, digamos “religiosas”: tanto Kant como Heidegger, y miles de otros pensadores, científicos, artistas y mujeres y hombres comunes”, fueron tocados o arrebatados por este hecho extraño y prodigioso del “hay ser”, “se da el ser”…

 

Leer también: Actualidad de la religión (primera parte)

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